Una meditación de Navidad sobre Isaías 9:2-7
En este día de Navidad nos reunimos para reflexionar en las antiguas y siempre vivas palabras del profeta Isaías, pronunciadas siglos antes del nacimiento de Cristo. El capítulo 9 de Isaías nos invita a contemplar la fidelidad de Dios y el cumplimiento de sus promesas en Jesucristo, la Luz del mundo y el Príncipe de Paz.
En el versículo 2 leemos:
«El pueblo que andaba en tinieblas ha visto gran luz; a los que habitaban en tierra de sombra de muerte, la luz ha resplandecido sobre ellos».
Detengámonos un momento a considerar la oscuridad, tanto la de entonces como la de ahora. Vivimos en un mundo marcado por el dolor y la desesperanza, un mundo que anhela profundamente la redención. Isaías habla de un pueblo cansado, que espera salvación. En medio de esa oscuridad, Dios hace resplandecer su luz. Esa luz es Cristo. Él nos muestra el camino y abre delante de nosotros la esperanza de una vida nueva.
Por eso hoy cantamos «Gozo del mundo es el Señor». No es solo un canto festivo, sino una proclamación de esperanza, de futuro. Cristo ha venido a restaurar la luz y el gozo que la humanidad había perdido.
Más adelante, en el versículo 6, Isaías proclama:
«Porque un Niño nos ha nacido, un Hijo nos ha sido dado; y la soberanía reposará sobre Sus hombros».
Aquí contemplamos la belleza y la profundidad del plan de Dios. Un Niño, nacido en humildad, carga sobre sí el peso de la salvación del mundo. Este Niño no es uno más, sino el Hijo eterno de Dios, dado a nosotros por amor. Sobre Sus hombros descansa no solo el destino de las naciones, sino también la carga de nuestro pecado, nuestro sufrimiento y nuestro quebranto. Él es el Salvador que necesitamos, y por eso hoy hay gozo en nuestros corazones.
Isaías continúa diciendo:
«Y se llamará Su nombre Admirable Consejero, Dios Poderoso, Padre Eterno, Príncipe de Paz».
Estos nombres revelan quién es Cristo y cuál es su obra. Él nos guía con sabiduría divina, vence todo mal con su poder, nos ama con un amor eterno y nos reconcilia con Dios. En Él encontramos descanso para el alma y una esperanza firme para el mundo. Por eso hoy hay gozo en nuestros corazones.
Finalmente, el versículo 7 declara:
«El aumento de Su soberanía y de la paz no tendrán fin».
En Navidad es bueno recordar que, con Cristo, irrumpe un reino eterno. No es un reino moldeado por el poder de este mundo, pero irrumpe en nuestra vida y transforma tanto los corazones como las comunidades. Su reinado se caracteriza por la justicia, la misericordia y la rectitud. La Navidad nos recuerda que este reino se ha acercado en Jesús y que somos llamados a vivir como ciudadanos de él, dando testimonio de su amor y de su paz.
Un llamado a responder
Que el mensaje de Isaías nos acerque más a Cristo. Recibámoslo como la luz en medio de nuestras tinieblas, como el Salvador de nuestra vida y el Señor de nuestro camino. Que su paz gobierne nuestros corazones y que su misión dé forma a nuestras acciones. Compartamos esta buena noticia con quienes nos rodean, para que también ellos conozcan el gozo y la luz que Cristo trae. Compartamos hoy esta alegría.
Una oración de Navidad
Padre celestial,
te damos gracias por el don de tu Hijo, Jesucristo, la luz que resplandece en las tinieblas y el cumplimiento fiel de tus promesas. En Él encontramos sabiduría, fortaleza, amor y paz. En esta Navidad, llena nuestros corazones de gratitud por Su nacimiento y por la esperanza que nos concede. Ayúdanos a vivir como ciudadanos de Su reino eterno, reflejando Su justicia, Su rectitud y Su misericordia en todo lo que hacemos. Que siempre proclamemos Su nombre con gozo, para que otros vean tu luz y participen de tu salvación.
En el nombre precioso de Jesús, el Príncipe de Paz. Amén.