El corazón de la proclamación apostólica

El kerigma en el libro de los Hechos

«no cesaban de enseñar y proclamar el evangelio de Jesús como el Cristo»
Hechos 5:42

(Este es el primer ensayo de una serie que analiza la Novena de Sarah Mullally, ‘Dios con nosotros’)

Cuando la Iglesia nació en Pentecostés, no nació simplemente una comunidad religiosa nueva, ni un movimiento ético, ni una espiritualidad de acompañamiento humano. Nació una Iglesia proclamadora. Desde sus primeros días, el cristianismo apareció como un anuncio público, urgente y universal acerca de Jesucristo.

Ese anuncio es lo que la teología cristiana ha llamado históricamente el kerigma. La palabra «kerigma» proviene del griego κήρυγμα y significa proclamación, anuncio o mensaje proclamado públicamente. Procede del verbo κηρύσσω (kērýssō), que significa proclamar como un heraldo. No describe una conversación privada ni una mera reflexión espiritual. El kerigma es un anuncio solemne, autorizado y público.

Y el libro de los Hechos constituye probablemente la exposición más clara del kerigma cristiano primitivo. Allí no encontramos simplemente doctrina abstracta, sino predicación viva. El libro de los Hechos nos permite ver qué predicaban los apóstoles, qué consideraban esencial, qué exigían de sus oyentes y qué entendían como el centro irreductible del evangelio.

El kerigma tiene un centro absoluto: Jesucristo

El kerigma apostólico es radicalmente cristocéntrico. No gira en torno a la Iglesia, ni a la experiencia espiritual, ni a la comunidad, ni a la transformación psicológica del ser humano. El centro es Jesucristo: su persona, su muerte, su resurrección y su exaltación.

Pedro proclama: «Sepa, pues, con certeza toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien ustedes crucificaron, Dios lo ha hecho Señor y Cristo» Hechos 2:36

Y nuevamente: «El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a Su Siervo Jesú» Hechos 3:13

Pablo resume su predicación diciendo: «Nosotros les anunciamos las buenas nuevas de que la promesa hecha a los padres» Hechos 13:32

El kerigma no es principalmente una invitación a vivir mejor. Es el anuncio de que Dios ha actuado decisivamente en Jesucristo.

El kerigma proclama la muerte de Cristo

La cruz ocupa un lugar central y constante. No es presentada simplemente como ejemplo de amor o humildad, sino como el acontecimiento decisivo de la historia de la salvación.

Pedro declara: «Este fue entregado por el plan predeterminado y el previo conocimiento de Dios, y ustedes lo clavaron en una cruz por manos de impíos y lo mataron»
Hechos 2:23

Y luego: «dieron muerte al autor de la vida.» Hechos 3:15

El lenguaje es directo, confrontacional y profundamente moral. El kerigma no minimiza el pecado humano ni evita la culpabilidad delante de Dios.

El kerigma proclama la resurrección

La resurrección no es un elemento secundario. Es indispensable. «Pero Dios lo resucitó, poniendo fin a la agonía de la muerte» Hechos 2:24

«A este Jesús resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos» Hechos 2:32

«Dios lo levantó de entre los muerto» Hechos 13:30

La Iglesia primitiva no predica simplemente las enseñanzas de Jesús. Predica que Jesús vive, reina y ha vencido a la muerte. El cristianismo apostólico no es una filosofía religiosa. Es el anuncio de un acontecimiento histórico y redentor.

El kerigma proclama el señorío de Cristo

Jesús no aparece solamente como maestro o ejemplo ético.

Es proclamado como Señor exaltado. «Dios lo ha hecho Señor y Cristo» Hechos 2:36

«No hay otro nombre bajo el cielo dado a los hombres, en el cual podamos ser salvos» Hechos 4:12

«Él es Señor de todos» Hechos 10:36

El kerigma exige una respuesta porque Cristo posee autoridad universal.

El kerigma confronta al hombre con su pecado

Este aspecto es decisivo. El problema central de la humanidad según el libro de los Hechos no es simplemente sufrimiento, vacío existencial o desconexión emocional. Es pecado y rebelión contra Dios.

Pedro acusa: «Ustedes rechazaron al Santo y Justo» Hechos 3:14

Esteban proclama: «Ustedes, que son tercos e incircuncisos de corazón y de oídos, resisten siempre al Espíritu Santo» Hechos 7:51

Pablo afirma en Atenas: «Por tanto, habiendo pasado por alto los tiempos de ignorancia, Dios declara ahora a todos los hombres, en todas partes, que se arrepientan» Hechos 17:30

El kerigma no busca simplemente consolar. Primero confronta.

El kerigma llama al arrepentimiento

El verbo «arrepentirse» ocupa un lugar central en Hechos. «Arrepiéntanse y sean bautizados cada uno de ustedes en el nombre de Jesucristo para perdón de sus pecados, y recibirán el don del Espíritu Santo» Hechos 2:38

«Arrepiéntanse y conviértanse, para que sus pecados sean borrados, a fin de que tiempos de alivio vengan de la presencia del Señor» Hechos 3:19

«Dios declara ahora a todos los hombres, en todas partes, que se arrepientan» Hechos 17:30

El kerigma no es mera información religiosa. Es llamado, exigencia y convocatoria divina. El arrepentimiento no aparece como una sugerencia opcional, sino como la respuesta necesaria al evangelio.

El kerigma ofrece perdón de pecados

El evangelio apostólico no termina en condenación. Precisamente porque el hombre es culpable, el anuncio del perdón se vuelve glorioso.

Pedro proclama: «Y recibirán el don del Espíritu Santo» Hechos 2:38

Pablo anuncia: «Por tanto, hermanos, sepan que por medio de Él les es anunciado el perdón de los pecados» Hechos 13:38

Aquí aparece el corazón de la gracia cristiana: Dios ofrece reconciliación real mediante Jesucristo.

El kerigma está dirigido a todos

Uno de los elementos más extraordinarios del libro de los Hechos es la universalización del evangelio.

El kerigma rompe fronteras étnicas, culturales y sociales.

Pedro declara: «La promesa es para ustedes y para sus hijos y para todos los que están lejos» Hechos 2:39

Pablo proclama: «Dios declara ahora a todos los hombres, en todas partes, que se arrepientan» Hechos 17:30

Judíos, samaritanos, romanos, griegos, etíopes, ricos, pobres, religiosos y paganos aparecen convocados por igual. El kerigma posee alcance universal porque Cristo es Señor universal.

El kerigma anuncia juicio

Este elemento hoy suele desaparecer de mucha predicación contemporánea, pero en Hechos permanece claramente presente.

Pablo declara en Atenas: «Él [Dios] ha establecido un día en el cual juzgará al mundo en justicia» Hechos 17:31

El evangelio posee urgencia porque existe juicio verdadero. El kerigma no es simplemente una invitación a una vida emocionalmente más plena. Es un llamado urgente delante del Dios vivo.

El kerigma produce una nueva comunidad

Solo después de la proclamación vienen la comunión, la vida compartida y el acompañamiento. «Se dedicaban continuamente a las enseñanzas de los apóstoles, a la comunión, al partimiento del pan y a la oración» Hechos 2:42

El orden importa profundamente. La comunidad nace del evangelio. No reemplaza el evangelio.

El lenguaje kerigmático en Hechos

El libro de los Hechos utiliza repetidamente vocabulario de proclamación pública: «predicar», «anunciar», «dar testimonio», «proclamar», «enseñar», «evangelizar».

Lucas presenta constantemente a la Iglesia como una comunidad proclamadora.

Por ejemplo: «Pedro, poniéndose de pie… alzó la voz.» (Hechos 2:14)

«No dejaban de enseñar y proclamar» (Hechos 5:42)

 «Felipe… le anunció el evangelio de Jesús» (Hechos 8:35)

«[Pablo]discutía en la sinagoga» (Hechos 17:17)

El cristianismo apostólico aparece esencialmente como proclamación pública de Cristo.

Conclusión

El kerigma cristiano según el libro de los Hechos posee un contenido extraordinariamente claro y consistente.

Proclama: a Jesucristo crucificado y resucitado; el pecado humano; el señorío universal de Cristo; el arrepentimiento; el perdón de pecados; el don del Espíritu Santo; la salvación; el juicio venidero; el llamado universal de Dios.

El kerigma no es simplemente acompañamiento espiritual. No es únicamente una invitación a la transformación interior. No es meramente presencia compasiva en medio del sufrimiento humano. Es el anuncio poderoso de que Dios ha actuado decisivamente en Jesucristo para salvar pecadores y reconciliar consigo a un mundo caído.

Por eso el libro de los Hechos puede resumir la misión apostólica de manera tan sencilla y contundente:

«No cesaban de enseñar y proclamar el evangelio de Jesús como el Cristo»
Hechos 5:42

Samuel Morrison
Samuel Morrison

Soli Deo Gloria

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