El discurso presidencial de Sarah Mullally en Belfast, 28 de junio de 2026
«Nuestra tarea esta semana no es solo determinar qué cambios queremos hacer. Es, ante todo, escuchar»
Sarah Mullally, Belfast, 28 de junio de 20261
Sobre esta serie
Entre el 28 de junio y el 4 de julio de 2026, el Consejo Consultivo Anglicano se reunió en Belfast para discutir las propuestas de Nairobi-El Cairo, el intento más serio en décadas de reordenar la Comunión Anglicana. Esta serie de diez ensayos examina lo que ocurrió allí y lo que significa. Los cuatro primeros tratan de la reunión: el discurso inaugural de la arzobispa de Canterbury, el lenguaje con que describió a quienes pedían decidir, las resoluciones aprobadas y el modo en que se condujo el Consejo. El quinto lee la crónica de un testigo de dentro, el historiador Andrew Atherstone. Los cinco últimos se ocupan de la Global South Fellowship, las provincias conservadoras del Sur que decidieron seguir dentro de la Comunión.
Todos los ensayos vuelven sobre una misma pregunta, que es la del libro del que nacen. La Comunión Anglicana tiene una norma común, la Escritura recibida en sus formularios. ¿Quién la custodia cuando alguien se aparta de ella? En Belfast esa pregunta estuvo presente toda la semana, aunque pocas veces se formuló en voz alta.
El primer día
Las propuestas de Nairobi-El Cairo buscaban, entre otras cosas, descentrar el papel del arzobispo de Canterbury en las estructuras de la Comunión.2 La persona que ocupaba ese cargo, Sarah Mullally, presidía el Consejo que debía discutirlas.
El primer día, antes de cualquier debate, la arzobispa pronunció su discurso presidencial. Este ensayo sostiene que en ese discurso quedaron fijadas las reglas de toda la discusión que vendría. No afirma que la decisión estuviera tomada de antemano, porque eso nadie puede probarlo. Afirma algo que sí se puede mostrar con el texto en la mano. Cuando empezó la conversación, el campo de lo que se podía decidir ya estaba acotado, y quienes quisieran ir más allá no lo lograrían.
Lo que dice y lo que calla
El discurso tiene unas 1.700 palabras. Unas 1.280 desarrollan el lema de la reunión, «Llamados a una sola esperanza». Las últimas 440 tratan de la confianza, y son las que importan para lo que vino después.3
Más reveladores son sus silencios. Las propuestas que iban a discutirse aparecen una sola vez, en una línea de agradecimiento a la comisión que las preparó.4 Canterbury aparece solo cuando la arzobispa recuerda su propia instalación.5 El texto no usa nunca las palabras doctrina, matrimonio o autoridad. La presidenta de un Consejo que iba a debatir su propio cargo no dijo una palabra sobre ese cargo.
Seis reglas antes del juego
En la parte final del discurso hay seis afirmaciones que, tomadas juntas, ordenan de antemano la semana.
La primera define a los participantes. Hay asuntos presentes y futuros, dice la arzobispa, «sobre los cuales anglicanos fieles tienen convicciones distintas».6 La frase parece generosa. Pero decide algo que estaba en discusión. Si todos son igualmente fieles, el desacuerdo no es sobre la fe. Es una diferencia de opinión dentro de la misma familia, y ninguna parte puede pedir que la otra sea corregida.
La segunda define la herida. La confianza, dice, es frágil. En algunos lugares ha sido herida, y en otros ha sido puesta a prueba «por la distancia, los malentendidos o la decepción».7 Las tres causas son de orden relacional. El discurso no menciona ninguna decisión concreta, ni la consagración de 2003 en Estados Unidos ni las bendiciones aprobadas en Inglaterra en 2023. Para la Global South Fellowship, la comunión está dañada porque algunas provincias se apartaron de la enseñanza histórica sobre el matrimonio.8 El discurso eligió otra explicación, y la dio por sentada.
La tercera descarta los remedios que se iban a discutir. «No podemos simplemente crear la confianza a fuerza de votaciones». Y más adelante: tampoco debemos imaginar que las decisiones estructurales, por sí solas, puedan sanar lo que es relacional y espiritual.9 Las propuestas de Nairobi-El Cairo eran propuestas estructurales. El primer día quedó dicho que las estructuras no curan y que votar no sirve para lo importante.
La cuarta asigna un lugar a quien quiera decidir. La esperanza, dice la arzobispa, no se crea desde «la ansiedad, el miedo o la urgencia». La tentación de toda familia bajo presión es buscar «soluciones inmediatas».10 Quien después pidiera una decisión quedaba descrito de antemano como alguien movido por la ansiedad o el miedo, o tentado por la prisa. Las provincias del Sur que esperan una respuesta desde 2003 difícilmente reconocerán en sus pedidos una búsqueda de soluciones inmediatas.
La quinta fija la tarea. «Nuestra tarea esta semana no es solo determinar qué cambios queremos hacer. Es, ante todo, escuchar». Aprender, orar, estudiar la Escritura, comprenderse mejor, crear las condiciones para que la confianza crezca.11
La sexta fija el tiempo. Como Dios es fiel, no hace falta actuar desde el miedo ni desde la ansiedad, ni imaginar que el futuro de la Comunión descansa solo en las manos del Consejo. Se puede «tomar el tiempo necesario para discernir bien».12
Hay todavía un séptimo elemento, más sutil. Al hablar de la Iglesia como cuerpo, la arzobispa reconoce que vivimos en un cuerpo «desordenado», y dice que buscamos ser el cuerpo que Dios quiso «con un compromiso sacrificial», conscientes de nuestras debilidades.13 La debilidad de la que habla Pablo en 2 Corintios 12 es la suya propia. En el discurso se convierte en una virtud comunitaria: aceptar con espíritu de sacrificio un cuerpo en el que conviven enseñanzas contrarias. El sacrificio que se pide, en la práctica, es el de quienes piden que se decida.
La fe que faltaba
El lema de la reunión venía de Efesios 4:4, «llamados en una misma esperanza». El versículo siguiente dice «un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo». Pocos versículos después, Pablo explica que Cristo dio pastores y maestros para que la Iglesia no sea llevada por todo viento de doctrina, y para que, siguiendo la verdad en amor, crezca en Cristo (Efesios 4:14-15). El discurso tomó del pasaje la esperanza. Dejó fuera la fe y la verdad.
Seis días después, los delegados corrigieron esa omisión. Una enmienda del sudamericano Joaquín Philpotts añadió a la resolución final que las divisiones de la Comunión se deben en parte a desacuerdos sobre «la una fe», con la cita de Efesios 4:4-6.14 Lo que la presidenta no dijo, lo dijo el Consejo.
Del primer día al último
Lo que siguió al discurso coincide con él punto por punto.
El 2 de julio, después de escuchar los comentarios de los grupos de discusión, la arzobispa volvió a hablar. Dijo que hacía falta trabajar en la descripción de quiénes son los anglicanos, pero que «quizá todavía no estamos ahí». Repitió que las soluciones «quizá no sean estructurales».15 La resolución final, redactada por el Comité Permanente del que ella forma parte, recibió las propuestas como «recursos» para un discernimiento que continúa, citó en su cuarta cláusula la frase del discurso sobre la confianza y dejó la toma de decisiones para 2029.16 Los ensayos siguientes examinan ese texto y el modo en que se llegó a él.
El marco del primer día y el resultado del último son el mismo.
Lo que hay que reconocer
Una crítica honesta tiene que reconocer, para empezar, que el discurso tiene páginas valiosas. Su reflexión sobre la esperanza, nacida de una peregrinación a Tierra Santa y fundada en la encarnación y la resurrección, es cristiana y conmovedora.
El texto, además, no cierra todas las puertas. La arzobispa dijo que no hay que temer las conversaciones difíciles, y que la tarea no era «solo» determinar cambios. Formalmente, la posibilidad de decidir quedaba abierta.
Hay un dato todavía más importante. La mayoría del Consejo ya desconfiaba de las propuestas. Según The Living Church, la mayor parte de los grupos de discusión fue escéptica, sobre todo por temor a perder a Canterbury como centro.17 El discurso no fabricó esa mayoría.
Lo que hizo fue otra cosa. Le dio a la mayoría un lenguaje espiritual para no decidir, y dejó a la minoría en un lugar incómodo. El delegado de la Provincia del Océano Índico, Berthier Lainirina, lo dijo el último día: «es muy triste que supongamos que todo está bien cuando las cosas no están bien».18 En el marco del primer día, frases como esa sonaban a urgencia, y la urgencia ya había sido descrita como mala consejera.
Un estilo conocido
El modo de conducir que muestra este discurso es reconocible. Habla de escucha, de participación y de discernimiento compartido. Su tono es cálido y pastoral. Pero antes de que nadie tome la palabra ya ha dicho quiénes son los fieles, cuál es la herida, qué remedios no sirven y qué actitud tiene quien pide decidir. Es deliberativo en el lenguaje. En la práctica, cuando empieza la conversación, el resultado ya está acotado. Es una autoridad que no se presenta como autoridad.
Nada de esto exige suponer mala fe. Es posible que la arzobispa creyera cada palabra. Pero el problema no depende de sus intenciones. Una persona cuya autoridad estaba en discusión fijó las reglas de la discusión, y lo hizo con palabras tan amables que discutirlas parecía falta de caridad.
Lo que el discurso dejó fuera
En su primer párrafo, la arzobispa recuerda en su oración a quienes «no han podido» acompañar al Consejo.19 Nigeria, Uganda y Ruanda no faltaron por imposibilidad. Decidieron no asistir, siguiendo el llamado de GAFCON a una «desvinculación por principio» de los instrumentos de Canterbury.20 Nombrarlos como ausentes involuntarios es una forma amable de no escuchar lo que su ausencia decía.
Los obispos reunidos en Lambeth en 1920 escribieron que las Iglesias anglicanas no son libres de negar la verdad ni de ignorar la comunión.21 El discurso de Belfast habló mucho de la comunión y nada de la verdad. Pablo, en el pasaje que dio su lema a la reunión, las mantuvo juntas: una sola esperanza, pero también una sola fe, y la verdad dicha en amor. Una reunión que empieza dejando fuera la fe ya sabe, antes de empezar, qué no va a decidir.
Notas
1. Sarah Mullally, «Archbishop of Canterbury’s Presidential Address to the Anglican Consultative Council», Belfast, 28 de junio de 2026, archbishopofcanterbury.org (consultado el 19 de octubre de 2026), párr. 24. En adelante, Discurso, con el número de párrafo contado desde «It is a joy to gather here in Belfast». Original: «our task this week is not simply to determine what changes we may wish to make. It is first to listen».
2. Mark Michael, «Mullally Calls ACC to Deepened Hope and Trust», The Living Church, 28 de junio de 2026. Original: «decenter the Archbishop of Canterbury’s role in its structures».
3. Recuento del autor sobre el texto publicado. La transición está en Discurso, párr. 19: «But hope cannot grow without trust».
4. Discurso, párr. 3. Original: «I am particularly grateful for the work of the Inter-Anglican Standing Commission on Unity, Faith and Order (IASCUFO) for their work on the Nairobi-Cairo Proposals (NCPs)».
5. Ibíd., párr. 5. Original: «At my installation in Canterbury on the Feast of the Annunciation».
6. Ibíd., párr. 23. Original: «There are matters before us and matters that will come before us in the years ahead, on which faithful Anglicans hold differing convictions».
7. Ibíd., párr. 21. Original: «trust is fragile. In some places it has been wounded. In others it has been tested by distance, misunderstanding, or disappointment».
8. Global South Fellowship of Anglican Churches, declaración sobre ACC-19, publicada el 6 de julio de 2026. Original: «impaired communion with those Provinces that have departed from the Communion’s historic teaching on marriage».
9. Discurso, párrs. 21 y 23. Original: «We cannot simply vote trust into existence»; «But neither should we imagine that structural decisions alone can heal what is relational and spiritual».
10. Ibíd., párrs. 21 y 22. Original: «nor can we create hope through anxiety, fear or urgency»; «The temptation for any family under pressure is to seek immediate solutions».
11. Ibíd., párr. 24. Original: «It is first to listen. To learn. To pray. To study scripture. To deepen our understanding of one another. To create the conditions in which trust may grow and hope may flourish».
12. Ibíd., párrs. 25 y 26. Original: «we need not act from fear. We need not act from anxiety. We need not imagine that the future of the Communion rests solely in our hands»; «we can take the time necessary to discern well».
13. Ibíd., párrs. 17 y 18. Original: «we live in a body which is messy»; «it is with sacrificial compromise and aware of our own weaknesses and shortcomings that we seek to be the body God created us to be».
14. Anglican Consultative Council, Resolutions of the Anglican Consultative Council, Belfast, 2026, Resolución 2, cláusula 5. Original: «our present divisions in the Anglican Communion are partly caused by disagreements about the ‘one faith’». Sobre la autoría de la enmienda: Andrew Atherstone, «Hope for the Communion? Reflections on the Anglican Consultative Council’s 2026 Meeting», The Living Church, 8 de julio de 2026.
15. Mark Michael, «Mullally on Nairobi-Cairo Proposals: “We’re Not There Yet”», The Living Church, 2 de julio de 2026. Original: «maybe we are not quite there yet»; «Our solutions to where we are may not be structural».
16. Resolutions, Resolución 2, cláusulas 1, 4 y 7(b). Original: «as resources for the continuing discernment»; «report back and decision-making at ACC20».
17. Mark Michael, «ACC Members Doubtful About Nairobi-Cairo Proposals», The Living Church, 30 de junio de 2026.
18. Citado en David Paulsen, «ACC Leaves Archbishop of Canterbury’s Role Unchanged in Ongoing Talks on Anglican Identity», Episcopal News Service, 4 de julio de 2026. Original: «It is very sad that we suppose that everything is OK when things are not OK».
19. Discurso, párr. 1. Original: «I am aware that there are some who have been unable to join us and I hold them and you in my prayers».
20. Atherstone, «Hope for the Communion?». Original: «principled disengagement». Sobre las ausencias: Paulsen, Episcopal News Service: «again were absent at ACC-19».
21. Carta encíclica de la Conferencia de Lambeth de 1920, citada en Lambeth Commission on Communion, The Windsor Report 2004, p. 38. Original: «They are not free to deny the truth. They are not free to ignore the fellowship».